Aprende qué puedes hacer si tienes un ataque de pánico o una crisis de ansiedad para gestionarlo de la mejor forma posible.
Un ataque de pánico es una experiencia ciertamente muy desagradable de la que nadie está a salvo. No hay avisos previos, y en muchos casos la pregunta que surge una vez ha pasado todo es “¿Por qué me ha sucedido esto?”.
El ataque de pánico está muy vinculado con un estado subyacente de ansiedad del que quizás no somos conscientes. Para conocer sus causas, lo que lo diferencia de una crisis de ansiedad, y sobre todo qué podemos hacer si experimentamos uno, he reunido la información más relevante en este artículo.
Qué es, causas y síntomas de un ataque de pánico
El ataque de pánico es la reacción a un episodio que aparece de forma repentina y produce una serie de síntomas físicos. Estos síntomas son resultado de la sensación de angustia y miedo que lo acompañan.
Como respuesta a esta sensación el corazón se acelera, la respiración permanece alterada, y pueden aparecer otras manifestaciones como náuseas, sudoración, mareos o incluso dolor en el pecho.
El origen de este miedo puede no tener ninguna razón objetiva, ya que el ataque de pánico no precisa de un desencadenante en forma de peligro real. Estos ataques pueden aparecer durante el sueño o en una situación rutinaria, sin que se entienda muy bien el motivo por el que surgen en un momento determinado.
Lo que sí se sabe es que pueden ser resultado de una situación de estrés más o menos sostenida en el tiempo. Aunque también pueden aparecer por otros motivos.
Algunas causas que se relacionan con los ataques de pánico son: estado depresivo, vivencias de experiencias traumáticas no resueltas, problemas respiratorios, cardíacos, o de hipertensión, abuso de alcohol, drogas o sustancias estimulantes y el uso de ciertos medicamentos.
Diferencia entre tener ansiedad, una crisis de ansiedad o un ataque de pánico
Dado que manejamos conceptos distintos conviene puntualizar. La ansiedad es un estado más o menos permanente provocado por un evento, situación o persona que tenemos claramente identificado. Pero esta manifestación de incomodidad se manifiesta a un grado de intensidad tolerable.
Por ejemplo, si hablar en público puede generarnos ansiedad, pero esta ansiedad puede aparecer tan solo con pensar en esa situación, sin necesidad de que tengamos que experimentarla. El simple hecho de saber que tenemos que dirigirnos a una audiencia y que estaremos bajo su escrutinio puede ser suficiente para que la ansiedad haga su aparición. Nos sentiremos incómodos y nerviosos, pero no dejará de ser una sensación que mantenemos bajo control.
La crisis de ansiedad incrementa ese grado de intensidad, llevando al individuo a tener manifestaciones físicas similares a las descritas, pero el origen de la crisis sigue estando plenamente identificado. La crisis de ansiedad se produce, por tanto, en respuesta a un evento o ante una situación que nos altera sobremanera.
En el ejemplo anterior, la crisis de ansiedad, podría tener lugar cuando el individuo está entre bambalinas esperando para dar su discurso y ve el patio de butacas lleno de público. Si en ese momento comienza a experimentar manifestaciones físicas importantes decimos que está teniendo una crisis de ansiedad.
El ataque de pánico, sin embargo, no se relaciona con un evento o situación concreta. Aparece de repente, y aunque pueda estar relacionado con una situación más o menos persistente de ansiedad, no nace como respuesta a nada. Simplemente aparece de forma inesperada.
Por eso muchas veces los ataques de pánico se dan en situaciones de absoluta normalidad e incluso cuando estamos durmiendo. No son, por tanto, la respuesta del cuerpo a algo que entendemos como peligroso o estresante, sino una manifestación de síntomas que tienen lugar sin un desencadenante identificable.

Cómo gestionar un ataque de pánico (y qué hacer en caso de tener una crisis de ansiedad)
La llegada de un ataque de pánico es muy angustiosa por la sensación de pérdida de control que se experimenta. Sin embargo, aunque esa sea la impresión inicial, sí que se pueden tratar de minimizar los efectos del ataque.
Lo primero, es reconocer que es un ataque de pánico, por tanto, que su duración es limitada y que tu todo tu sistema estará hiperactivado pero durante un espacio de tiempo corto, ya que fisiológicamente no se podrá sostener más, es decir, tu cuerpo parará. El simple hecho de saber que en unos minutos todo lo que sientes va a acabar te ayudará a transitar y paulatinamente bajar la intensidad de los síntomas que estás experimentando.
A continuación es conveniente tomar conciencia de tu respiración, centrarte en ella y expulsar el aire de forma lenta y profunda. Si ya has experimentado ataques de pánico con anterioridad, estos ejercicios respiratorios convendría hacerlos de forma regular para que su eficacia sea mayor, pero si no es así, también te ayudarán estas respiraciones profundas llevando el aire hacia la parte baja de tu vientre, ya que mientras las realizas alejas a tu mente de esa sensación de terror que te invade.
Si tienes algún medicamento ansiolítico a mano (previamente prescrito por tu especialista para estos casos), tomarlo facilitará el proceso, pero mientras hace efecto es importante seguir centrándose en las respiraciones lentas y controladas.
Tanto en las crisis de ansiedad como en las de pánico es conveniente distraer la mente hacia otra cosa, de forma que la sensación de angustia remita lo antes posible. Enfocarse en los síntomas que estás padeciendo solo empeorará las cosas, así que lo más adecuado es tratar de ocupar la mente con algo distinto mientras realizas los ejercicios respiratorios ya mencionados. Pensar en un lugar donde te hayas sentido en paz y seguro e imaginarte que estás allí, puede ayudarte a ir sintiendo más capacidad para ir pausando tu respiración poco a poco e ir ayudando a que los síntomas vayan diluyéndose.
Tratamiento y prevención
Aunque la ansiedad es una respuesta necesaria y adaptativa a las situaciones estresantes, vivir continuamente sintiéndose ansioso, ya sea con crisis de ansiedad o ataques de pánico no es una situación que debamos normalizar. En estos casos lo más recomendable es consultar a psicólogos especializados en el tratamiento de la ansiedad y otros trastornos mentales.
Un tratamiento psicológico te permitirá identificar las causas subyacentes de la ansiedad, ya sea poder entender qué hace que hablar en público te provoque siempre crisis de ansiedad o qué hace que te den ataques de pánico sin previo aviso. También la terapia te enseñará a gestionar la sintomatología que está asociada a la ansiedad.
Cuanto más entiendas cuál es el origen de la tu ansiedad, mejor podrás manejarla y así con el trabajo terapéutico los ataques de pánico desaparecerán o se reducirán. Trabajar sobre ti mismo te beneficiará en tu presente y en tu futuro.
Hay otras cosas que puedes hacer por ti mismo que van a contribuir en tu bienestar general y que también ayudará a la gestión de la ansiedad y el estrés, y por tanto a prevenir la aparición de crisis de ansiedad y ataques de pánico. Puede tener efectos muy beneficiosos llevar una vida ordenada y sana, con buena alimentación y descanso, evitar las sustancias estimulantes, practicar meditación, midfulness o cualquier práctica de ejercicio regular, mantener una vida social activa y relaciones afectivas saludables.
La ansiedad se puede entender como una amenaza a tu bienestar pero también como una aliada para saber que necesitas pararte y mirarte por dentro y darte aquello que necesitas y mereces.
Te invitamos a compartir este post sobre cómo actuar en caso de tener un ataque de pánico o crisis de ansiedad con aquellos familiares y amigos a los que le puede interesar.
